Un día que comenzó siendo normal…

El duelo en los niños \ACTQ

Hoy era un dia anodino. Nos hemos levantado, como siempre, enfurruñados por falta de sueño. Anoche nos quedamos trabajando hasta tarde. Hemos llegado casi justos al cole, para variar. Hemos trabajado, hemos luchado con clientes, hemos recogido a los niños, examen de naturales, clase de ingles, visitas familiares… Pues eso, un dia anodino. Normal.

Hasta que mi teléfono suena… Es papa 2.0. Es mi marido. Su voz suena al otro lado como suena siempre, pero el mensaje que me llega es irreal… “Mi padre… El peor de los escenarios… Cancer extendido… Metástasis… no hay tratamiento”

Me quedo en shock, no estoy en mi casa, en mi castillo. Soy consciente de que le estoy contando la llamada a la persona que en ese momento me acompaña de forma automática, como un zombie. Lo tengo todo adentro. Necesito irme, llegar a casa, asimilar la noticia.

Mi mente barrunta como contar esto a Leo. Le recojo de inglés como un día normal, sigo atentamente las historias de su día a día. Creo que he tenido esa capacidad de fingir que estoy bien aunque por dentro este derrumbada, desde que soy una cría, y no sé si es algo de lo que debo sentirme orgullosa, la verdad, pero el caso es que esta vez lo hago con mi hijo. Recojo a mi marido del despacho, durante el camino todo aparenta ser normal. Aparenta. Pero no lo es.

Mientras me empiezo a preparar para ducharme, dando vueltas a toda la literatura que tengo en la cabeza sobre la muerte y los niños, me doy cuenta que mi marido ha tomado a Leo en brazos, como cuando era pequeño, y con toda naturalidad le cuenta lo que esta ocurriendo. Mi primera reacción es disgustarme, pero entonces veo la escena, Leo se acurruca en sus brazos como cuando era un bebé y llora desconsolado. Miro su pelito mojado, apretado contra el pecho de su padre. A pesar de la dureza del momento mi alma se llena de ternura hacia los dos. Leo necesita mucho a su padre y no siempre lo tiene de este modo.

Me acerco a los dos. Papa 2.0 ya ha comenzado a sacar su versión mas racional. Yo saco la emocional. En estos momentos no discutimos, nos complementamos, hacemos equipo. No siempre es así. Acaricio el pelito de Leo mientras le digo que llore, que llore, porque es el sentimiento que debe tener y es sano. Ibai no entiende pero capta nuestra energía, nos ve tristes, ve a su hermano derrumbado y el también llora.

Tras un buen rato, una vez se han acabado las lágrimas, el sentimiento de tristeza es inmenso y nos ahoga a todos, hablamos de que ahora toca vivir el día a día, disfrutar cada momento robado a la enfermedad. Se abren todas las incertidumbres y las mil teorías, el pronostico, el sufrimiento. Estsmos agotados.

Leo esta noche me necesita. Me ha pedido quedarse dormido entre mis brazos. Impresiona ver como esta versión de proyecto de adolescente de repente se convierte en un niño pequeñito tan necesitado de contacto, abrazos y protección. La noche se hace cada vez mas profunda. Leo duerme a mi derecha, Ibai a mi izquierda. Me abrazo a ellos. La vida es un regalo, una bendición. Debemos disfrutar y saborear cada instante vivido juntos. Me quedo dormida con un extraño sentimiento, vencida por la tristeza y al mismo, rodeada de su inocencia y de la energía universal del amor. Casi la puedo palpar con mis manos. Mañana será otro día, muy duro seguramente. Ahora toca respirar este sentimiento de amor infinito y dejarse mecer por Morfeo. Los párpados se me caen. Duermo arrullada con mi tristeza rodeada de una extraña paz.

Es increíble como un dia anodino puede darse la vuelta de semejante forma.

Autor entrada: Mamá

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