Salir de casa por la mañana y no morir de un infarto

Estrés infantil - blog adivina cuánto te quiero
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La reflexión de Leo...

¿Sabéis que muchas veces comienzo el día sintiéndome triste y estresado sin saber por qué?

¿Quién de nosotros no ha vivido esta situación? A ninguno de nosotros nos gusta llegar tarde a los sitios, pero no se sabe bien por qué, muchas veces sentimos que llegar con los críos al cole a la hora, perfectamente peinados, despejados, con sus mochilas hechas y una sonrisa en la cara es misión imposible. 

Sonrío mientras escribo esto porque llevo muchos años viviendo esta situación. Es como un bucle sin fin. Cuando Leo era pequeño no era autónomo y todo dependía de nosotros, por tanto era nuestra responsabilidad ¡y era más sencillo como lo es ahora con Ibai! . Pero cuando alguno de nuestros hijos se hace mayor, es autónomo, se ducha solo, se viste solo, sabe prepararse el desayuno… entonces… entonces ¿por qué todas las mañanas entramos en colapso? ¿por qué todas las mañanas salimos con ataques de nervios y caras largas? ¿Acaso esta es una ley universal que siempre se va a cumplir por más que nos enfademos, demos charlas sobre el respeto a los profesores, sobre lo importante que es ser puntual? ¿Por más que a veces nos ofusquemos y elevemos en ocasiones “un poquito” la voz… y las más de las veces nos convirtamos en ese topicazo de “mamá al volante” sorteando todo tipo de obstáculos por la carretera y haciendo telemetrías para conseguir llegar perfectos antes del toque de sirena?

Seguro que quien más, quien menos, ha vivido o vive en esta especie de día de la marmota. Seguro que muchos pensáis que realmente vuestros hijos “pasan de todo” y no les da la gana, que son indolentes.

La buena noticia es que ni somos padres incapaces, ni tenemos hijos irresponsables. 

Para variar, la culpa de todo la tiene, como casi siempre, el maldito estrés. El estrés provoca más estrés y a largo plazo puede ser devastador.

Una reacción que acostumbra a tener mucha gente ante el estrés es ralentizar sus movimientos para rehuir el problema. Así que la regla matemática es que cuanto más estresados estemos nosotros, más lentos irán los niños, cuanto más nerviosos, más despacio irán ellos… así hasta llegar al punto de llegar al borde del ataque de nervios.

Así pues, vamos a quitarnos las culpas, la vergüenza de sentirnos unos padres caóticos y tardones y, sobre todo, el machaque matutino diario a nuestros hijos y vamos a ver qué podemos hacer para minimizar los daños colaterales.

 

Eliminar el estrés mañanero de los niños  (y el nuestro)

  • La educación en el sueño es vital para nuestros hijos. Todos tenemos muy presente lo importante que es la hora a la que se acuestan, pero quizás pasamos un poco más por alto lo importante que es la hora a la que se levantan. Es mejor para ellos dormir un poquito menos pero salir relajados de casa.

  • Para comenzar bien el día es muy importante hacerlo con tranquilidad. Levantarnos con un buenos días, preguntarnos que tal hemos pasado la noche, abrazarnos, sonreírnos, tomar juntos un desayuno nutritivo, darnos una ducha reconfortante… todo esto lleva tiempo, no es viable hacerlo en diez minutos ni en quince.
  • Para estimularles podemos aprovechar alguna ocasión especial para regalarles un precioso reloj despertador que ellos mismos sean capaces de manejar y los haga sentirse más autónomos y mayores. Como siempre, darles pequeñas responsabilidades como puede ser que tomen ellos mismos el control de su despertar y no depender de nosotros les hace sentirse válidos.
  • Podemos implantar hábitos que nos resulten prácticos para ahorrar tiempo por las mañanas: dejar la ropa preparada la noche anterior, sin olvidar ningún detalle que al día siguiente puede ser la diferencia entre llegar derrapando o no. Por supuesto, dejar las mochilas listas y si nuestros hijos son ya autónomos deben ser siempre ellos los que asuman la responsabilidad de dejar la noche antes todo listo para el cole. Hay padres y madres que optan por dejar los bocatas congelados y sacarlos al día siguiente. Si no nos gusta esta opción, al menos el agua o las cantimploras llenas, los productos envasados ya en las mochilas y todo lo que no requiera preparación guardado.
  • Si nos desplazamos en coche, poner música relajante que nos ayude a calmar los nervios, o música  que nos llene de energía es una práctica maravillosa. Yo aprovecho muchísimo estos largos momentos muertos en coche para aumentar la cultura musical de mis hijos. Hay veces que también aprovechamos para hablar de lo que nos espera durante la mañana, para aliviar las tensiones de los exámenes, nos contamos nuestros sueños nocturnos, o sencillamente, conversamos. Vamos a evitar en la medida de lo posible el uso de aparatos electrónicos estos ratos. Y si no vamos en coche, dar un paseo conversando, o disfrutar de detalles sencillos como el ir cogidos de la mano o escuchar el canto de los pájaros puede ser mágico.

 

Llegar al cole unos minutos antes de que suene el timbre, relajados, darles la posibilidad de jugar con sus amigos antes de entrar en la fila despedirnos con un besito, o con una sonrisa… todo esto a buen seguro hará que el día para todos comience con energía de la buena.

Autor entrada: Mamá

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