El examen de lengua

Técnicas de estudio niños. Educación - Adivina cuanto te quiero

Hoy mi hijo mayor tiene examen de lengua. Algo tan insignificante en un mundo donde los periódicos están llenos de noticias en las que Trump restringe la entrada a inmigrantes y Europa establece varias velocidades, aquí estamos nosotros, en nuestro pequeño mundo burbuja. El examen de lengua ocupa el lugar nº 1 del día en nuestra lista de prioridades por encima de Trump y la UE y también por encima de lo que vamos a cenar.

Voy a hacer un ejercicio de sinceridad: creo que todos los padres tenemos un deseo consciente o inconsciente de que nuestros niños sean los más listos, los más hábiles, los más guapos. No es que seamos presumidos, va impreso en nuestro código genético, aquel que se formaba cuando éramos seres peludos que corríamos con una lanza. En aquellos tiempos prehistóricos de hombres valerosos sólo sobrevivía el más fuerte. Así que parece que esta es una cuestión biológica.

Ahora, en pleno siglo XXI, parece que lo de la lanza ya no es importante y nos centramos en otras fortalezas. A nadie le amarga que su crío saque el boletín de notas y ver una ristra de sobresalientes Ese día todos sonreímos, nos decimos orgullosos para nuestros adentros, “¡que listo que es mi hijo!” y algunos hasta  nos vamos a merendar tortitas y comprarle un libro.

La cuestión es… ¿Todos esos dieces representan el esfuerzo real de nuestro hijo o el esfuerzo del padre-hijo? ¿Es plenamente autónomo? Si lo dejamos absolutamente solo… ¿habría sacado semejantes notazas?

Como en todas las áreas de la vida, habrá millones de opiniones respetables. Desde los que opinan que a los niños hay que dejarlos absolutamente solos como hacíamos en nuestros tiempos, a los padres helicópteros que lo hacen todo por ellos.

Yo quiero situarme en un plano intermedio. Y digo quiero porque no siempre me resulta sencillo. Mi caballo de batalla hoy día con mi hijo mayor es, precisamente, encontrar ese punto de equilibrio entre darle todo el apoyo que necesita, enseñarle a estudiar, enseñarle a organizarse y, sobre todo, y por otra parte, que consiga la tan ansiada autonomía que todos soñamos.

Me toca hacer mi propio trabajo interior como madre, al igual que a mi hijo le toca hacer el suyo.

Lo primero, ser honesta: Tengo que estar preparada para que no me importe tanto la nota como el esfuerzo realizado. Que la adquisición de autonomía desplace la importancia del 10. 

Lo segundo, crecimiento personal vs sociedad competitiva. ¿Cuál es nuestra elección? ¿Qué es más importante para nosotros? ¿que nuestros hijos destaquen por encima de los demás, o que sean capaces de ser autónomos e independientes? ¿qué haremos cuando les empiece a salir el mostacho? ¿Recordarles que mañana  tienen un examen, distribuirles la tarea y estudiar pegaditos a ellos, silla con silla? ¿y cuando lleguen al mundo laboral? ¿También iremos pegaditos a ellos? ¿les hacemos sentirse validos con esta actitud?  

Por otra parte, debemos ir dándoles las herramientas necesarias para que aprendan a hacer su trabajo por sí mismos. Es verdad que cuando un niño de 8, 9 años, pasa de la felicidad e inocencia absoluta de los primeros cursos en el cole donde todo casi todo es juego y todo se hace en clase a de repente verse desbordado por tareas que los sobrepasan y que, muchas veces no saben ni cómo encararlas, ni gestionar sus tiempos ni, mucho menos, poseen técnicas de estudio validas, pueden acabar realmente ansiosos.

No en todos los coles los maestros enseñan a estudiar a los niños. Muchos se centran en el contenido y es que hacen lo que pueden, no hay tiempo para todo. Ahí es donde entramos nosotros. El tema de las técnicas de estudio da para uno y muchos otros post y a buen seguro lo trataremos.

Así pues, volviendo al inicio de mi post. Hoy mi hijo tiene examen de lengua. Mi tarea del día para hoy es soltarle las riendas ¡A ver cómo nos va!

Autor entrada: Mamá

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.