Ayer hicimos huelga de educación

huelga Educación - Adivina cuánto te quiero

Mis hijos ayer hicieron huelga. El peque, con otros dos peques. El mayor, junto a otros tres niños de su clase. ¡vaya cosa! Bueno, realmente iban a ser seis. Pero dos mamás decidieron que si venía la mayoría, igual sus dos hijos quedaban marcados para siempre y decidieron unirse al colectivo mayoritario. Y el resto fueron “de cabeza, por supuesto ¡tanta tontería de huelga…!”

Creo y me considero bastante respetuosa y tolerante, pero realmente, no acierto a comprender como es posible que padres preocupados (preocupadísimos) por la educación de sus hijos, que han hecho de sus críos virtuosos del baile, de la música, del canto o del deporte, padres que se sientan dos y tres horas con sus hijos a estudiar, padres que sueñan con que sus hijos sean los más destacados, que sueñan con que a sus hijos les detecten altas capacidades, padres hipercompetitivos en un mundo hipercompetitivo que educan a sus hijos en la competitivad,  que precisamente esos padres no se paren a pensar en lo más básico: en España no tenemos un sistema educativo de calidad. Vamos que es una …..

A ver, no soy ingenua. Yo ya sé que en España la política se vive igual que los colores de un club de fútbol. O eres del Madrid, o de Barça. De los rojos o azules. Y ahora entremedio han entrado otro montón… los morados, los naranjas, los rojos… y así, si eres un afanado, dios te libre de hacer algo en contra de los colores de tu equipo…

También es verdad, entiendo y comprendo que hay muchos padres que sudan tinta para colocar a los críos un día laborable. La cuestión es si pensamos que hacer una huelga por la educación de nuestros hijos es o no algo más o menos importante para meternos en el berenjenal de buscar un canguro o pedirnos el día libre, como hacemos cuando se ponen malitos, haciendo, es verdad, muchas veces malabarismos.

Desde mi punto de vista, con la objetividad que me da no sentir ningún tipo de entusiasmo por ningún color en especial… creo que lo que estamos reivindicando nada tiene que ver con la política, o simpatizar con unos, o con otros. Se trata de pedir que en el colegio haya dinero para papel higiénico, para pagar la luz, o para reparar los ordenadores cuando se rompen. Se trata de que, si un profesor se pone malo, venga otro a sustituirlo. Se trata de que si a un crío le cuesta un poquito más llegar a los objetivos, o tiene algún tipo de problema, que se le ayude. Se trata de no discriminar. Se trata de dar voz y voto a los padres en la gestión de los colegios, y que la educación pública no funcione como una empresa de limones.

Se trata de luchar por un pacto global de todos los que gobiernan, sean del color que sean, y con sentido común se sienten y hagan un pacto de estado, que esté por encima de los intereses de cada uno, que pongan por encima la sociedad y a nuestros hijos, la sociedad del mañana. Que no eduquemos borregos acostumbrados a obedecer sin chistar sino niños reflexivos, conscientes, con capacidad de plantearse las cosas. O no sé, probablemente en España esto no interese.

¿Por qué no llenamos las calles para reivindicar el derecho de nuestros hijos a una educación decente? ¿por qué no luchamos por lo más básico y luego se convocan macromanifestaciones por un reality o un partido de fútbol? ¿realmente estaremos aborregados?

Bueno. Pues como decía. Mis hijos ayer hicieron huelga. El pequeño aún no comprende su gesto simbólico. Obviamente al ministro de turno le importa un pepino que mi enano de tres años se quede hoy en casa y que yo me tenga que pedir el día libre para luchar por sus derechos.

Y al mayor… pues al mayor sí que le he podido explicar que significa hoy dejar hoy su pupitre vacío. Hoy, mi hijo mayor ha aprendido una lección más importante que seguramente los diez ejercicios sobre prefijos y sufijos que iba a hacer en clase y las diez operaciones con decimales.

Hoy mi hijo ha aprendido que luchar por nuestros derechos es algo básico y que nadie nos puede arrebatar. Que luchamos por un mundo más justo. Que lo que haga la mayoría no siempre tiene que ser lo que nosotros consideramos que está bien. Que el derecho a quejarnos y que los que nos gobiernan nos escuchen, es uno de los principios básicos en una democracia.

No sé si a alguno de mis hijos me los han marcado con un crotal como al ganado. No lo creo.  En todo caso, valió la pena, lo de ayer fue una preciosa lección de vida. 

Autor entrada: Mamá

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