Adiós, Gabriel.

Adiós, Gabriel

Casi dos semanas en que hemos tenido el alma pendiente de un hilo, dos semanas de sufrimiento, de dolor pero también de esperanza que se rompió en mil pedazos el pasado domingo. No hay palabras para expresar el profundo horror y la honda tristeza que sentimos ante este brutal asesinato de un alma inocente de ocho añitos por parte de quien, en teoría debería haberlo protegido, si no amado.

Imposible ponerse en la piel de esa mamá, incluso por parte de todas esas otras madres compañeras que hemos perdido un hijo. Porque duro es perder un hijo, pero que te lo arrebaten, que te lo arranquen para, en el más cruel de los sinsentidos, y con la  incógnita de no saber qué le hicieron, que sintió, cuánto sufrió para finalmente, acabar en una acequia… es sencillamente impensable. Como imposible es ponerse en la piel de ese papá, que, sin saberlo, metió al mal en casa, y aunque una y mil veces te digamos todos ¡no, Ángel, tú no tienes la culpa, tú eres un padre magnífico!, imagino el tremendo y doble calvario que debes estar sintiendo en estos momentos.

Ahora, pequeño, eres luz. Yo personalmente me quedo con ello, con tu luz, con la ola de amor que ha nacido gracias a ti… porque en esta historia eres tú y sólo tú, pequeño Gabriel. Personalmente me quedo con la lección de paz que nos ha dado tu mamá. Porque hay un antes y un después. Porque sus palabras son un punto de inflexión en la conciencia colectiva de nuestro país. Así que, por siempre, gracias, Patricia.

Una velita arde en casa en tu honor. Ahora ya estás en el prado verde donde juegan los niños ángel, que se pusieron las alas demasiado pronto. Espero que mi hijo juegue contigo… vuela alto, pescaíto, vuela por las hermosas playas del Cabo, vuela por los mares del mundo, y, sobre todo, cuida mucho de tu mamá y tu papá… ahora son ellos los que te necesitan.

Adiós Gabriel, siempre vivirás en nuestros corazones.

Autor entrada: Mamá

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